En breve
- Eliminar el Helicobacter pylori tiene dos objetivos: que la bacteria muera, con una prueba que lo confirme, y que tu estómago y tu intestino queden reparados después de la pelea.
- El tratamiento convencional funciona, pero suele fallar en dos cosas: casi nunca se manda la prueba de control y nadie se ocupa de reconstruir la mucosa.
- El Dr. Jan Lío organiza el tratamiento en cuatro pasos, las 4 R: Remover la bacteria, Repotenciar el sistema inmune, Restaurar la pared y la flora, y Resolver las deficiencias nutricionales.
- Para remover, su opción preferida es la dual: antibióticos y aceites esenciales juntos, porque lo único que no se negocia es que la bacteria muera.
- La prueba de control se hace al menos cuatro semanas después de terminar el tratamiento. Sentirte mejor no demuestra que la bacteria se fue.
Te dieron el tratamiento, te sentiste mejor… y nadie volvió a preguntar
Seguramente la historia te suena. Te sale positivo el Helicobacter pylori, te formulan el esquema triple, antibióticos con omeprazol, te lo tomas como puedes durante esos días pesados y, al cabo de un par de semanas, el ardor baja. Parece que el asunto quedó resuelto. Nadie te manda otra prueba, nadie te pregunta cómo quedó tu estómago, y tú sigues con tu vida.
Quiero decirte algo con franqueza: ese tratamiento es efectivo y ayuda. Yo no estoy en contra de él. El problema es lo que queda por fuera. Te sorprendería la cantidad de pacientes que he visto que, después de un esquema para matar esta bacteria, nunca se hicieron un control con antígeno fecal, con test de ureasa o con endoscopia. Desde la medicina funcional eso es completamente incorrecto, porque yo tengo que asegurarme de que la bacteria de verdad está muerta. No me basta con que el paciente se sienta mejor.
Y el segundo problema es el que casi nadie ve venir. Piensa en una terapia antibiótica triple como un ejército que entra a tu estómago y a tu intestino con un armamento increíble: explosivos, bombardeo, de todo. La bacteria cae, sí. Pero ahora pregúntate cómo crees que queda el terreno después de esa guerra. La mucosa del estómago y del intestino queda destruida, y en el modelo convencional no se hace nada para repararla.
Si todavía no tienes claro qué es esta bacteria, qué te puede estar haciendo y cómo se confirma, empieza por este artículo sobre los síntomas del Helicobacter pylori y cómo saber si lo tienes. Aquí vamos a hablar de lo que viene después del resultado positivo.
Las 4 R: un mapa para no quedarte a mitad de camino
Para que el tratamiento completo sea fácil de recordar, lo organizo en un acrónimo de cuatro erres. La primera es remover la bacteria, es decir, hacer lo que haya que hacer para matarla. La segunda es repotenciar tu sistema inmunológico. La tercera es restaurar las paredes del estómago y del intestino, que quedaron arrasadas por la guerra, y repoblar la flora intestinal que se perdió con los antibióticos. Y la cuarta es resolver las deficiencias nutricionales que la infección dejó.
Fíjate en algo: solo una de las cuatro se ocupa de la bacteria. Las otras tres se ocupan de ti. Por eso el modelo convencional, que se concentra en la primera, deja a tanta gente a mitad de camino.
R de remover: la bacteria tiene que morir
Con esta bacteria la actitud no puede ser pasiva. Es una bacteria infernal, y siempre que tengamos la sospecha o la confirmación de que está, la actitud tiene que ser eliminarla por completo. Para removerla hay tres caminos.
El primero es la antibioticoterapia convencional: la terapia triple, que combina antibióticos con un inhibidor de la bomba de protones como el omeprazol. El segundo es el método funcional que propongo a muchos de mis pacientes, con aceites esenciales como el de orégano y el de ajo, junto con otras moléculas que trabajan en sinergia para destruir la bacteria. Y el tercero es el enfoque dual, en el que combino lo mejor de los antibióticos con lo mejor de los aceites esenciales.
Para mí, el dual es el mejor de los tres. La razón es sencilla: lo que yo necesito garantizar es que la bacteria muera.
Y hay datos que ayudan a entender por qué esa garantía importa tanto en nuestra región. Una revisión sistemática de 59 estudios en Latinoamérica encontró que, en adultos que nunca habían recibido tratamiento, cerca del 12 % de las bacterias ya eran resistentes a la claritromicina y el 53 % al metronidazol, dos de los antibióticos que más se usan contra ella. Las cifras cambian mucho de un país a otro, y los propios autores advierten que en algunos países usar claritromicina sin estudiar antes la resistencia puede no ser lo adecuado. Lo que quiero que te lleves de aquí es que un tratamiento puede fallar aunque te lo hayas tomado juicioso, y por eso la confirmación posterior no es un trámite.
Sobre los aceites esenciales quiero ser honesto contigo. Lo que se sabe de ellos viene sobre todo del laboratorio. En un estudio de 2023, una mezcla de aceites de orégano, tomillo y ajedrea eliminó en diez minutos veinte cepas de Helicobacter pylori tomadas de pacientes, incluidas algunas resistentes a antibióticos, y además logró atravesar una barrera parecida al moco que recubre el estómago. Los datos en personas todavía son pocos, y eso también hay que decirlo.
Y aquí va una regla que mantengo siempre: en un artículo no te voy a dar una formulación. Los aceites esenciales son una fórmula con varios componentes, y la combinación, la cantidad y el tiempo se definen en consulta, con tu caso en frente. Lo que sí quiero que entiendas es el principio: atacar a la bacteria por más de un flanco para no darle espacio.
R de repotenciar: que tus defensas también peleen
La segunda erre parte de una idea que a veces se olvida: contagiarse de esta bacteria es muy fácil, porque la transmisión es fecal-oral, pero lo que realmente importa es cómo están tus defensas para combatirla. Por eso, además de atacar a la bacteria desde afuera, conviene ayudarle a tu sistema inmune a hacer su parte.
Aquí te doy dos sugerencias. La primera es el calostro bovino, que para mí es lo mejor que podemos utilizar, porque trae factores de transferencia e inmunoglobulinas, que son proteínas de defensa, y ayuda de forma natural a que tu sistema inmune combata la bacteria. La segunda es la lactoferrina, una molécula que tu propio cuerpo produce y que tiene la capacidad de destruir diferentes bacterias, virus y hongos. Si le das un refuerzo, tu sistema inmunológico queda mejor armado contra el Helicobacter. Y las dos, en la experiencia de Jan, son seguras.
La lactoferrina tiene respaldo en personas. En un ensayo aleatorizado hecho en Italia con 206 pacientes, a la mitad se le dio el tratamiento triple estándar y a la otra mitad el mismo tratamiento más lactoferrina bovina y probióticos. La bacteria se eliminó en cerca del 72 % del primer grupo y en cerca del 89 % del segundo, que además reportó menos efectos secundarios. Es un solo estudio, y como la lactoferrina y los probióticos se dieron juntos, no permite saber cuánto aportó cada uno. Aun así, apunta en la misma dirección.
R de restaurar: reconstruir el terreno después de la guerra
Muchos pacientes llegan a mi consulta diciendo que después de los antibióticos quedaron peor. Y es verdad que se sienten peor, pero casi nunca es porque la bacteria haya sobrevivido. Es porque las paredes quedaron afectadas. Ocurrió una guerra, y lo que toca ahora es volver a construir.
Para restaurar las paredes del estómago y del intestino recomiendo tres moléculas: la vitamina A, el aloe vera y la glutamina. Y aquí hay un ideal y hay una realidad. Lo ideal es arrancar con ellas desde el mismo día en que empieza el tratamiento, porque la mayoría de los pacientes inicia sin pensar que esa bomba atómica de antibióticos y aceites esenciales va a dejar destruidas las paredes y la microbiota. Si sabes que la guerra viene, empiezas a reconstruir desde el primer día.
La realidad de la consulta es otra: la mayoría de los pacientes me llega cuando ya pasó por el tratamiento sin ninguna protección. Si ese es tu caso, no llegaste tarde. Lo que se hace es usarlas después, mantenerlas hasta que empieza a notarse la mejoría y, a partir de ahí, ir retirándolas.
La otra mitad de esta erre es la flora. Cuando usamos un antibiótico destruimos las bacterias malas, pero también las buenas, y por eso muchos pacientes terminan después con SIBO, que es un sobrecrecimiento de bacterias en el intestino delgado. Para evitarlo hay que dar un probiótico que ayude a repoblar la flora que se perdió. Lo que yo suelo hacer es iniciarlo un par de semanas después de arrancar el tratamiento y, a partir de ahí, mirar qué secuelas quedan para decidir cuánto tiempo más. El momento y la duración no salen de una tabla; salen del seguimiento. Y creo que un buen médico funcional debería estar contigo en ese seguimiento.
R de resolver: lo que la infección te quitó
La cuarta erre tiene que ver con algo que casi todos los pacientes con Helicobacter pylori terminan teniendo: deficiencias nutricionales. Una bacteria que te apaga el ácido del estómago y te inflama la pared durante meses o años afecta la forma en que digieres y absorbes lo que comes. Las más frecuentes son las de vitamina A, vitamina D, las vitaminas del complejo B (B2, B3, B6, B9 y B12) y el hierro.
Por eso, después de todo lo anterior, hay que reponer lo que falta para que vuelvas a tu estado natural. Y aquí mi lema es medir siempre. La sospecha clínica y la observación me dan muchas pistas, pero antes de reponer suelo pedir vitamina D, vitamina B12, homocisteína, ferritina y un hemograma. En nuestra clínica, además, usamos un test epigenético capilar que revela deficiencias en al menos 93 biomarcadores. Con esos resultados se repone lo que de verdad falta. Esta erre es la que explica por qué hay personas que entrenan, comen bien, toman proteína y aun así no logran subir de peso: el problema está en lo que su intestino deja pasar.
Míralo explicado
La prueba de control: la parte que casi todos se saltan
Te lo repito porque es la parte que más se olvida. El objetivo del tratamiento es que la bacteria muera y que tengas una prueba que lo confirme. Sentirte mejor es una buena noticia, pero no demuestra nada. Siempre que te sometas a un tratamiento, convencional o funcional, después tienes que hacerte una prueba para saber que la bacteria ya no está.
Y la fecha de esa prueba importa. Hacerla demasiado pronto puede dar un negativo falso, así que la recomendación es esperar al menos cuatro semanas desde el último día de tratamiento. Si además estás tomando omeprazol o alguno de sus parientes, pregunta en el laboratorio qué debes suspender y desde cuándo, porque estos medicamentos pueden ocultar a la bacteria en la prueba. Y recuerda que suspender un medicamento formulado se coordina con quien te lo formuló. Todo esto lo explicamos con detalle en el artículo sobre cómo saber si tienes Helicobacter pylori.
Si en algún momento notas deposiciones negras o vómito con sangre, no esperes a la prueba de control ni a la próxima cita: eso se atiende hoy.
Preguntas frecuentes
¿Se puede eliminar el Helicobacter pylori de forma 100 % natural?
Hay un método funcional con aceites esenciales que el Dr. Jan Lío usa en muchos pacientes. Pero su opción preferida es la dual, que combina antibióticos y aceites esenciales, porque lo que no se negocia es que la bacteria muera. La evidencia de los aceites esenciales viene sobre todo del laboratorio.
¿Cuánto tiempo después del tratamiento me hago la prueba de control?
Al menos cuatro semanas después del último día de tratamiento. Antes de eso, la prueba puede salir negativa aunque la bacteria siga ahí.
¿Por qué me siento peor después de los antibióticos?
Casi siempre porque la pared del estómago y del intestino quedó afectada y la flora quedó diezmada. Para eso existe la tercera erre: restaurar la mucosa y repoblar la flora.
¿Cuándo tomo el probiótico?
Lo habitual en la consulta del Dr. Jan Lío es iniciarlo un par de semanas después de arrancar el tratamiento. Cuánto tiempo más se mantiene depende de las secuelas que queden, y eso se decide en el seguimiento.
¿Si ya terminé el tratamiento, todavía sirve restaurar?
Sí. Es el caso más frecuente en consulta. Se usan las moléculas de restauración después del tratamiento, hasta que empieza a notarse la mejoría, y luego se retiran de forma progresiva.
¿Qué deficiencias deja el Helicobacter pylori?
Con frecuencia, de vitamina A, vitamina D, vitaminas del complejo B (B2, B3, B6, B9 y B12) y hierro.
Evidencia citada
- Camargo MC, García A, Riquelme A, et al. The problem of Helicobacter pylori resistance to antibiotics: a systematic review in Latin America. American Journal of Gastroenterology, 2014;109(4):485-495. Consultar el estudio
- de Bortoli N, Leonardi G, Ciancia E, et al. Helicobacter pylori eradication: a randomized prospective study of triple therapy versus triple therapy plus lactoferrin and probiotics. American Journal of Gastroenterology, 2007;102(5):951-956. Consultar el estudio
- Nikolić I, Chua EG, Tay ACY, et al. Savory, Oregano and Thyme Essential Oil Mixture (HerbELICO®) Counteracts Helicobacter pylori. Molecules, 2023;28(5):2138. Consultar el estudio
- Sankararaman S, Moosavi L. Urea Breath Test. StatPearls, actualizado en febrero de 2024. Recoge la recomendación del Maastricht V/Florence Consensus Report. Consultar la referencia
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